La Gran Esperanza Blanca: tres décadas sobre el cuadrilatero (2ª parte)

La Gran Esperanza Blanca: tres décadas sobre el cuadrilatero (2ª parte)

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La formación actual de LGEB con el incorporación de nuevo del bajista Chiti Chitez

“Al principio con un poco de sorpresa, porque los grupos pasaron de repente de cantar en castellano a cantar en inglés. Salió gente como Dover o Australian Blonde, Los Planetas no, aunque el problema con los Planetas es que como al cantante no se le entendía nada tampoco sabíamos en qué idioma estaba cantando”

Mariano López nos ofrece la segunda parte de la entrevista que mantuvo con Cisco Fran de La Gran Esperanza Blanca. En esta entrega profundizan en la década de los noventa, de su grabación con Carlos Goñi, de cómo les afecta la aparición de indie, del ir y venir de diferentes de bajistas y de la disolución temporal del grupo por motivos familiares. Este próximo sábado 23 el grupo valenciano se subirá al escenario de Loco Club para celebrar su treinta aniversario.

Texto: Mariano López

En 1990 editáis vuestro segundo EP, “La cadena de marfil”.

Lo sacamos con lo que habíamos ganado del primero, en el cual invertimos veinticinco mil pelas y ganamos cincuenta mil, duplicando la inversión. Este lo sacamos a medias con Discos Medicinales, y al igual que el anterior lo grabamos en AC Estudios, propiedad de Vicente Sabater, que trabajaba mucho con Presuntos Implicados y ahora es propietario de los estudios Milenia. Sacábamos epés porque sacar un LP nos salía muy caro, y decidimos ir paso a paso. El tercer EP, “New York Blues” (1991), lo grabamos en casa de Carlos Goñi. Era un álbum totalmente casero, con un sonido bastante malo, porque Goñi no dominaba mucho en aquella época el equipo de grabación que tenía allí, se podría decir que hizo las prácticas con nosotros. Además, cuando su mujer encendía la lavadora teníamos que parar porque si no había interferencias (risas). “New York Blues” lo presentamos a un concurso de jóvenes creadores. Era un álbum conceptual, basándome en la experiencia que había tenido cuando mi novia se fue a Nueva York a vivir.

¿Cómo llegáis hasta Goñi?

Le conocíamos de los tiempos de Comité Cisne. Se había venido a vivir a Valencia después de disolver Garage, su anterior banda. Nosotros conocíamos a la gente de Comité Cisne porque coincidíamos con ellos con Inhibidos Quizas?, y luego nos los encontrábamos en sitios como Barraca Bar o Gasolinera. En un momento dado hubo una canción nuestra que a Goñi le gustó mucho, “Colocar una espina donde había una flor”, canción que regrabamos años más tarde con La Gran Esperanza Blanca en “Derrota” (2013). Cuando él dejó Comité Cisne y montó Revolver nosotros ya estábamos grabando con LGEB, y una cosa llevó a la otra.

¿Habéis perpetuado la relación desde entonces?

Él vive muy cerca de mi casa, pero desde hace unos años no nos vemos mucho, él está muy metido en su trabajo. Aunque si nos vemos, tampoco hay ningún problema entre los dos.

¿Es en la época de “New York Blues” cuando viajas a Nueva york por primera vez?

No, qué va. Yo había viajado por primera vez allí en el 87. Había acabado la mili, me estaba preparando la oposición de profesor de instituto de matemáticas, y cinco o seis meses antes de la oposición le dije a mi padre: Mira, ya tengo la carrera acabada, ya he hecho la mili, y quiero ir un par de meses a Nueva York para estar con mi novia y para ver todo aquello. Él me echó una mano económicamente, y me fui febrero, marzo, y mitad de abril. Cuando llegué hacía un frío de cojones (risas), pero me enamoré de la ciudad. Me capturó de tal manera que para mi hubo un antes y un después de aquel viaje. Voy siempre que puedo, sobre todo ahora que mi hijo ya es mayor y que llevo muchos años currando y te lo puedes permitir. Fui los dos últimos años y este verano quiero volver.

¿Sueles repetir ruta cuando vas, o prefieres experimentar?

Siempre descubres cosas nuevas, porque una ciudad así nunca te la acabas. Es inabarcable, ni en un viaje, ni en toda una vida, aunque tampoco hago cosas muy diferentes de un viaje a otro. No me obsesiona ver cosas que no he visto, simplemente me dejo llevar. Me siento muy integrado allí, como en casa. Me parece todo muy familiar, muy cercano. Es como en El Ministerio del Tiempo, que cruzan una puerta y salen a otra época, si en este bar hubiera una puerta que la cruzas y apareces en Nueva York para mi sería de lo más natural. Hay gente que se va de vacaciones todos los años al mismo sitio, a El Perelló, por ejemplo. ¿Por qué van? Pues porque están a gusto. Lo mismo me pasa a mí con Nueva york.

Música de raíz americana, enamorado de Nueva york… ¿nunca has tenido la sensación de haber nacido en el sitio equivocado?

Sí, claro, aunque yo tengo la teoría de que la nacionalidad verdadera de cada uno es la de la música que escucha. Es como esos japoneses a los que les gusta el flamenco. En realidad ellos son flamencos, el problema es que han nacido en Japón. Así que yo soy un valenciano de Brooklyn (risas).

Con la publicación de estos epés nos metemos ya en los noventa, la época del indie, el grunge, el rock alternativo… ¿Cómo vivisteis todo aquello?

Al principio con un poco de sorpresa, porque los grupos pasaron de repente de cantar en castellano a cantar en inglés. Salió gente como Dover o Australian Blonde, Los Planetas no, aunque el problema con los Planetas es que como al cantante no se le entendía nada tampoco sabíamos en que idioma estaba cantando. Había cosas que me gustaban, aunque en general me parecían una copia barata de los Lemonheads, y claro, yo prefería a los Lemonheads. Viví todo aquello con cierta distancia, de hecho no creo que tenga en mi casa ningún disco de ningún grupo indie español. No me interesaba demasiado todo aquello, y menos cuando vi que cantaban en inglés, lo cual me parecía tirar piedras contra tu propio tejado, porque te metes en un mercado donde todos los grupos cantan y escriben letras en inglés mejor que tú. Lo que ha quedado y evolucionado del indie en este país me parece algo muy cercano a la basura, no me gusta nada.

A quienes cantabais en castellano por aquel entonces ¿cómo os miraban?

Nosotros hemos sido siempre muy invisibles, no solo aquí en Valencia, sino mucho más en Madrid, en lugares como Radio 3. A grupos como Doctor Divago o La Habitación Roja se les ha tratado mucho mejor. Me hace mucha gracia cuando se habla de rock underground o música alternativa, cuando más underground que nosotros, que no nos ha hecho caso casi nadie… a nivel de Valencia, sí, por supuesto, y gente muy de nuestra generación, pero poco más.

En el 91 Chiti Chitez deja la banda, ¿por qué?

Hubo una serie de desencuentros, tal vez no explícitos, que provocaron que él no estuviera a gusto en la banda, y que el resto tampoco estuviéramos demasiado cómodos con la situación. Desencuentros no musicales, sino más bien de compromiso, porque él quería volver a poner en marcha Al séptimo día, el grupo con el que estaba antes de entrar en LGEB. Además él también se fue a vivir a Utiel, porque estaba con su novia, así que se complicó todo un poco, y decidimos buscar otro bajista.

¿La salida se produce de mutuo acuerdo?

Sí, no hubo nada de tirarnos los trastos ni discutir. De hecho, en el grupo no hemos discutido nunca, las cosas siempre han sido muy tranquilas, muy fáciles. Entonces contactamos con Jose Luis Bertomeu, que tocaba en un grupo llamado De Perdidos, que hacían también música de raíz americana, tipo Los Cruzados o The Long Raiders, otros grupo de aquella época. Lo secuestramos de aquel grupo y se vino con nosotros. Estuvo un par de años, y después empieza un carrusel de entradas y salidas de bajistas, como por ejemplo Miguel Ángel Cruz, de Rubber Souls o Agustín Enguidanos.

En la película This is Spinal Tap (Rob Reiner, 1984), al grupo protagonista le resulta imposible encontrar un batería estable. Parece que a vosotros os pasaba lo mismo con el puesto de bajista…

Totalmente (risas). Visto en perspectiva era un poco así, aunque desde hace dos años Chiti ha vuelto a la banda, se ha cerrado un círculo, y ahora estamos igual que cuando empezamos. Pero hemos llegado a tener hasta diez bajistas diferentes.

En aquella época llegáis a contar hasta con un club de fans.

Eso fue un alumno mío que se emocionó mucho por tener un profesor que tocaba en un grupo, y montó un club de fans, en el que creo que nunca llegaron a haber más de diez personas apuntadas. A veces venían a vernos con pancartas. Estuvo bien.

¿Cuál ha sido la relación en general de tus alumnos con la banda?

En el momento en el que saben que toco en un grupo, la relación con ellos se abre bastante, aunque la verdad es que ahora la brecha generacional se nota mucho, porque yo me he hecho mayor, y ya es más difícil conectar a ese nivel. Muchos de los primeros alumnos que tuve vienen a vernos, o tiene grupos y yo voy a verlos a ellos. Hay una buena relación, y es una buena forma de acceder a los chavales, a través de la música.

En 1993 llega vuestro primer LP, “Hay Folk, Blues, y también rock ‘n’ roll” (Es-3 Records).

Sí, en ese hicimos una antología de los tres primeros EPS, a los que incorporamos cuatro canciones que grabamos con Goñi durante las sesiones de “New York Blues” y que no habíamos usado aún.

Luego, hasta el segundo LP, “Medicine Show” (Seminola Records/Es-3 Records, 1998), pasan cinco años…

Fue sobre todo por una cuestión de medios. Editar es caro, grabar es caro, y nuestra música en aquella época importaba una mierda, porque era el momento del indie en inglés. Entonces nos centramos en editar discos de otros grupos con NOSE, y esperando nuestro momento, el cual llegó cuando me puse a colaborar con un sello discográfico llamado Seminola Records. Me contrataron como asesor musical, y yo me encargaba de seleccionar los grupos. El sello editó grupos como Insania, Goodfellows (el grupo de Pepo Granero, fundador de LGEB), un recopilatorio tributo a Dylan, nos editó a nosotros, etc. Estuvimos también a punto de fichar a La Habitación Roja para que editará un disco con nosotros, pero ellos no quisieron. Poco antes de que ganasen el Circuit Rock tuvimos una reunión con ellos en La Eliana, pero la cosa no cuajó. Pensaron que podían conseguir más, y desde luego no les ha ido mal. Seminola echó el cierre por agotamiento de sus responsables, pero antes conseguimos que nos editarán “Medicine Show”.

La muerte repentina de Fiddler Paul (en el centro) en 1992 supone un revés importante en LGEB
La muerte repentina de Fiddler Paul (en el centro) en 1992 supone un revés importante en LGEB

Y a todo esto, ¿cómo terminó NOSE?

También por agotamiento. Todos teníamos otros trabajos, yo tuve un hijo, Fede (Ferocce) tenía también dos niños, ya no tenías tiempo para todo. NOSE (Nueva Oleada de Sonidos del Este) era algo a lo que le dedicábamos los fines de semana, nos íbamos de cena y entonces tomábamos todas las decisiones. Hasta que se acabó editamos a gente muy diversa, como Ceremonia, Perros de Lluvia (donde había gente de Armas Blancas), Rubber Souls, Ilustres Indultados, Inhibidos Quizás?… todos con un perfil “yo me lo guiso, yo me lo como”. Nosotros intentábamos darles toda la cobertura mediática que podíamos, aunque ahí llegamos tarde, porque casi todos estos grupos cantaban en castellano en un momento en el que ya había explotado el indie en inglés. Además apareció Manolo Rock con Subterráneo Records, y ya perdimos un poco el carro, lo cual sumado a la falta de tiempo hizo que lo dejáramos.

Los conciertos de la gira de “Medicine Show” estaban estructurados de una forma un tanto peculiar.

Sí, porque la idea es que los conciertos tuvieran una estructura parecida a los antiguos medicine shows, esas caravanas que vendían crece pelos y ungüentos milagrosos en la época del oeste. Se siguieron viendo hasta bien entrado el siglo XX, de hecho Hank Williams participó en uno. Así que pensamos en meter en medio del show algo así como una atracción humana, como en los shows originales hacían con la mujer barbuda, el hombre lagarto, etc. Nosotros invitábamos a gente de otros grupos a que tocaran como atracción humana. Tocábamos ocho o nueve canciones, entonces salía la atracción humana, y después nosotros acabábamos el concierto. Salieron como invitados, por ejemplo, Los Mosca (Manolo y Chumi de Doctor Divago), M (el anterior grupo de Néstor Mir), Perros de Lluvia, etc. Fue la gira más extensa que hemos hecho, no solo en Valencia, sino que también salimos a San Sebastián, Cádiz, o Madrid.

En 2001 aparece “Harry Dean” (Cubic Records).

Entonces estábamos sin bajista, y fuimos a los estudios Experience, que tenía Dani Cardona (productor e integrante de bandas como Una Sonrisa Terrible o Desguacé Café) para preguntarle si sería posible que Alejandro “Boli” Climent (actualmente en Fito y Los Fitipaldis y Quique González) bajista de Señor Mostaza, que ha tocado con un montón de grupos de primer nivel y al que Dani conocía, grabase el bajo en unas canciones que teníamos. Grabó el bajo y unos teclados y fue impresionante, hizo un trabajo fascinante. El disco, “Harry Dean”, en aquel momento considerábamos que era nuestro mejor disco. Las canciones y el sonido eran muy buenos, y musicalmente estaba muy bien interpretado. Ferocce sigue pensando que es el mejor que hemos hecho, a mí me gusta más “Tren Fantasma” (2015), aunque entre “Derrota” (2013) y “Harry Dean” no sabría por cual decantarme.

¿Qué os atrajo del actor Harry Dean Stanton como para dedicarle un disco?

Es un actor emblemático para mí. Es alguien con quien nos identificamos porque es un actor secundario enorme que ha hecho más de doscientas películas, pero que cuando preguntas a la gente por su nombre, mucha gente no sabe quién es. Eso me pareció interesante, porque creo que a nosotros nos pasa algo parecido. Somos un grupo que tenemos nuestra carrera, pero le preguntas a la gente por nuestro nombre y no nos conocen. Y creo que tampoco lo hacemos tan mal como para que no se nos conozca. El disco se lo hicimos llegar a Harry Dean, busqué en internet el correo de su agente, le escribí pidiéndole una dirección postal, y se lo enviamos por correo certificado. Como nunca me fue devuelto, creo que le llegó, aunque nunca nos respondió, con lo cual siempre nos quedaremos con la duda de si le gustó o no. Aunque si alguna vez el actor expone sus recuerdos en un museo, igual nuestro disco está por allí (risas).

En 2002 decidís poner punto final a la historia de LGEB.

Sí, habíamos llegado a un punto en el que después de “Harry Dean” yo esperaba que pasara algo, a nivel de repercusión del grupo, a nivel de actuaciones, de encontrar mejores contratos e ir a tocar a mejores sitios. Y no pasó nada. Entonces llegó un momento en el que mi hijo era más mayor y requería más atención, a mí cada vez me cansaba más tener que ir a ensayar a las once de la noche, y ya no le veía sentido ir a ensayar para no sacar nada en claro. Le dije al resto del grupo que estaba cansado, que si lo dejábamos tampoco pasaba nada, y ellos estuvieron de acuerdo. Mi idea era que fuese definitivo, de hecho mi mejor guitarra se la vendí a Néstor Mir. Mi intención fue ponerme a escribir, nunca pensé en retomar el grupo. Sin embargo cuando Néstor organizó el festival “Incrustados en el Escaparate”, en Discos Aquelarre, creo que en 2004, me invitó a participar, y allí canté un par de versiones de Dylan. Sin banda, como Cisco Fran. Luego, mi hijo se hizo mayor y empezó a tocar la guitarra, tendría unos catorce años, y eso me metió el veneno otra vez. Me dio envidia verlo tocar, y no hacerlo yo, así de claro.

Hablando de literatura, lo más reciente que has publicado son tus dos libros de relatos, “Barbería. New york State of Mind.” (2013), y “Enfermedades Raras” (2014), ambos autoeditados bajo el sello Kaw-Liga Books. ¿Qué hubo antes de eso?

Antes publiqué, en 1998, un libro llamado “Fotos Movidas. Visiones de una América mental” (Las Palabras del Pararrayos Editorial), que narra un viaje real de costa a costa de los Estados Unidos que hicimos en 1992 Chuso, yo, y nuestras parejas, de Nueva York a San Francisco. Nos recorrimos en coche todo el país. De Nueva york a Washington, y de allí a Nashville, Memphis, Nueva Orleans, San Antonio, El Paso, Phoenix, El Gran Cañón, Las Vegas, Los Ángeles, y finalmente San Francisco. Todo en un mes.

Os imagino a los cuatro en un Cadillac descapotable.

Qué va, fue en un Toyota Corola (risas).

¿Qué influencias tienes a la hora de escribir?

Sam Shepard, Paul Auster, Richard Ford… también literatura beat como Kerouac, Ginsberg, aunque eso son influencias más de juventud que contemporáneas. Sobre todo me gusta el relato, más que la novela. Me gusta también mucho Bukowski, y John Fante, un descubrimiento posterior. Un autor muy interesante, muy divertido.

A veces pienso que tal y como ha avanzado la corrección política toda esa gente lo tendría crudo para publicar hoy en día…

Tendrían problemas, desde luego. Se les asocia a una época más underground, sobre todo a Bukowski, cuando en realidad él era un hombre poco underground. Le gustaba mucho beber, pero durante mucho tiempo fue de un trabajo en otro, e iba mucho a las apuestas de caballos. Era buen apostador y ganaba mucho dinero con las apuestas, así que siempre fue una persona con la espalda cubierta. Luego si podía no ir a trabajar y quedarse en casa bebiendo y follando, pues por supuesto que lo hacía, evidentemente, pero era un personaje que tenía dos caras, y no siempre la más crápula era la real.