La Gran Esperanza Blanca: tres décadas sobre el cuadrilatero (1ª parte)

La Gran Esperanza Blanca: tres décadas sobre el cuadrilatero (1ª parte)

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Cisco Fran: treinta años al frente de LGEB

“A aquel hombre le resultó curioso que nos llamásemos La Gran Esperanza Blanca, y que la canción que íbamos a tocar se llamara “Colmillo Blanco”, y el tío va y nos suelta: “Mucho blanco veo yo aquí, ¿no seréis racistas?”. El comentario no sólo fue gratuito y anecdótico, sino que demostraba desconocer la verdadera explicación de nuestro nombre”

Treinta años, con idas y venidas, avalan a La Gran Esperanza Blanca. Su líder, Cisco Fran, repasa con Mariano López para Tal Vez Mañana su trayectoria desde que a mediados de la década de los ochenta dos de sus componentes coincidieron en Mallorca haciendo el servicio militar. El día 23 de abril en Loco Club lo celebrarán por todo lo alto con un buen número de invitados.

Texto: Mariano López

Fotos: VikPamNox

Siempre es un placer hablar con Cisco Fran. Gran conversador, en su charla pausada y amena deja entrever una vena didáctica tal vez por deformación profesional sobrevenida de su trabajo como profesor, aunque sin pretender nunca aleccionar, y mostrando, cuando menos te lo esperas, destellos socarrones y de fina ironía que dotan aún si cabe de mayor interés a una historia ya atrayente de por sí: Cisco carga a sus espaldas, como quien no quiere la cosa, más de treinta años en el mundo de la música, de los cuales va a cumplir tres décadas al frente de La Gran Esperanza Blanca.

Nos citamos a primera hora de la tarde en la puerta de la Fnac, desde donde me lleva a la cercana cafetería New York. Conociendo al personaje, no deja de tener su gracia. Él pide una botella de agua y yo, un zumo. Algo nervioso por llevar más de un año sin hacer una entrevista, se lo confieso: “Llevo más de un año sin hacer esto”. Antes de que me dé cuenta de que se la he puesto en bandeja, él, rápido, responde: “¿El qué?, ¿beber zumo?”. Como decía, un placer.

Por favor, nombre, fecha de nacimiento, y primeros contactos con la música, para la ficha policial.

Francisco José García Cubero, nacido en Valencia el 2 de diciembre de 1962. Los primeros recuerdos que tengo de escuchar música son de la de la televisión y la radio de la época, a partir del 66 o así, cosas como Los Mustang, Los Pekenikes, Juan y Junior, y más adelante Nino Bravo; y en inglés, básicamente los Beatles. Además mi padre compró un radiocasete y escuchábamos cintas desde los Indios Tabajaras a Duke Ellington. Pero hasta que gané un concurso de redacción con doce años y me regalaron un tocadiscos no empecé a comprar discos. Un concurso que organizaba, y creo que aún organiza, la Coca Cola, entre los alumnos de octavo de EGB de distintos colegios de la ciudad, y yo quedé campeón junto con otros dos chicos. Era un tocadiscos marca Faro, con forma de maleta, y al abrirla se desmontaba y los bafles eran las partes de arriba y debajo de la maleta. Mi padre entonces me regaló discos de Frank Sinatra y Ray Conniff, y yo empecé a comprarme discos de Dr. Feelgood, Lluis Llach, y Dylan… lo que me gustaba en esa época. Con Dylan empecé de bien pequeño, me dejo prendado el fraseo de canciones como “Hurricane”, y descubrir que “Blowin in the wind” era una canción que yo había cantado en misa. Esas dos cosas juntas fueron un cóctel explosivo (risas).

¿Y cuándo aprendiste a tocar?

Eso vino por Fede Ferocce (guitarrista de LGEB), de quien era amigo desde el colegio…

Inciso. Ya que estamos. ¿De dónde le viene el sobrenombre de Spagnolo Ferocce?

Bueno, eso viene de que Fede es un depredador sexual desde su más tierna infancia (risas). Una vez estábamos escuchando un programa de Radio Nacional llamado “Para vosotros jóvenes” y sonó una balada medieval de la que el presentador dijo que la canción hablaba de un trovador, un spagnolo ferocce, que seducía a todas las doncellas. Y claro, como el apelativo le encajaba a Fede a la perfección, ya se le quedó.

Fin del inciso. Continuamos…

Pues eso, que Fede y yo somos amigos desde séptimo de EGB, desde que teníamos once o doce años. Un día vino a mi casa en verano, ya finalizado el curso, y se trajo la guitarra, que él tocaba ya desde muy pequeño, y tocó un montón de canciones de los Beatles. Yo me quedé fascinado por el hecho de que simplemente con seis cuerdas fuera uno capaz de pasar una tarde tan divertida. En mi casa había una guitarra, de mi hermana, que en realidad nadie tocaba, y ese verano me la llevé al apartamento donde pasábamos las vacaciones, la afiné con ayuda de un amigo, y empecé a aprender los acordes. Al volver de ese verano Fede y yo ya hicimos un dúo. Quedábamos los viernes, grabábamos en un magnetofón lo que que tocábamos, y nos reíamos mucho.

Y de ahí se pasa a los primeros grupos.

Sí, un primer grupo en el cole, un clásico. Era un grupo en el que no teníamos batería, era solo de guitarras, como una especie de tuna rocanrolera (risas). Hicimos tan solo tres o cuatro actuaciones, en una falla, en el colegio de mi hermana, sitios así, pero lo realmente importante era lo bien que te lo pasabas cuando quedabas para ensayar, y el hecho de poder decirle a la gente que tenías un grupo, eso molaba. De ahí de grupo en grupo hasta que en el año 82 pasamos a tocar con los hermanos Navalón. Uno de ellos, Santi, ha llegado a tocar luego con gente como Presuntos Implicados o Alejandro Sanz. Hicimos unos cuantos ensayos, pero a ellos les iba más el tecno y a nosotros el rock, y no llegamos a tocar nunca en directo. Así hasta que en el año 83 nos juntamos un grupo de gente que nos gustaba más o menos lo mismo, cosas como Springsteen o U2, grupos muy en boga en aquella época, y formamos Inhibidos Quizás?. Fue un grupo que duró más o menos diez años. Nos fue muy bien, fue una experiencia muy chula, pero entremedias Fede y yo nos fuimos a la mili, a Palma de Mallorca.

Donde nació La Gran Esperanza Blanca.

Exacto. Básicamente, para matar el aburrimiento. Nos juntamos con otro soldado de Barcelona, de Rubí, y con un chaval de Mallorca, Pepo Granero, que tocaba en París La Nuit, grupo bastante conocido en Palma en los ochenta, para presentarnos al IV Concurso Pop-rock del ayuntamiento de Palma, que casi ganamos.

La mayoría de la gente volvía de la mili con batallitas, y vosotros con un grupo.

Sí, aunque batallitas también hubo. Por ejemplo, estuvimos seis meses durmiendo en el cuartel hasta que pudimos sacarnos un pase pernocta, y el resto de la mili nos la tiramos durmiendo fuera. Así que nos fuimos a una finca cuyo portal no tenía puertas, lo que ya te da una idea de cómo era el sitio. En la parte de abajo vivían unas familias gitanas donde tenían los animales, nosotros vivíamos en un cuarto piso, y nuestra vecina trabajaba en una whiskería. De vez en cuando salía desnuda a tender, y nos la encontrábamos así. Era una señora naturista, de unos cuarenta años, y nosotros chavales de veintitrés.

¿Veintitrés?

Es que nosotros íbamos pidiendo prorrogas, y fuimos ya con la carrera acabada, yo la de matemáticas, y Fede la de psicología. Éramos mayores de lo normal, porque antes los voluntarios entraban a los dieciséis, y luego la mayor parte de las quintas entraban a los dieciocho. Yo tengo algunas batallitas que contar, pero la mayoría no son mías, son de Fede (risas), así que cuando lo veas pregúntaselo a él.

¿Haber llegado a la final de aquel concurso fue lo que os hace plantearos que tal vez merece la pena llevar adelante ese proyecto?

No, qué va. Como te digo aquello empezó por puro divertimento. Nosotros ya teníamos un grupo aquí en Valencia, Inhibidos. Lo que pasa es que quizás la personalidad de Vicente (González), el cantante, era muy fuerte, asumía mucho terreno dentro del grupo, aunque compusiésemos los dos. Llegó un momento en que empecé a guardarme mis canciones, porque eran de un rollo algo diferente al suyo. Así que le comenté a Fede que a mí me gustaría hacer lo que habíamos hecho en Palma, pero con banda. Fede en aquella época tocaba en una banda llamada Al Séptimo Día, y se lo propuso al bajista, Chiti Chitez, y el batería, Chuso Al. En cuanto aceptaron, ya estaba formada la banda.

¿Compaginabais las dos bandas?

Fede se quedó hasta la disolución de Inhibidos, yo me fui un poco antes, pero sí, durante mucho tiempo estuvimos militando en los dos grupos. En Inhibidos cantaba sobre todo Vicente, aunque yo también cantaba algunas. Por ejemplo, grabamos un EP en directo en el que hay una canción, “El pastor y su rebaño”, que la canto yo porque Vicente no se sentía muy cómodo cantándola. Una canción a reivindicar, muy potente, muy dura contra la jerarquía eclesiástica. La iglesia ahora parece que tiene un perfil diferente con el nuevo Papa, pero la escribí en la época de Juan Pablo II, época en la que se vivió un retroceso muy grande en la Iglesia. Recuerdo que aquel Papa fue a Chile a hablar contra los anticonceptivos, cuando allí estaban bajo la dictadura de Pinochet. Si estás así de sometido y alienado políticamente lo único que te queda para expresarte es tu cuerpo, y si encima tienes que seguir las normas de la Iglesia, apaga y vámonos. Me tocó las narices que se dedicase a hablar de los anticonceptivos antes de lo mal que estaba allí la gente bajo la dictadura, y entonces reaccioné bastante airadamente escribiéndola.

Cisco Fran gran amante de la cultura norteamericana
Cisco Fran, gran amante de la cultura norteamericana

¿Cómo era el panorama valenciano en el que irrumpe La Gran Esperanza Blanca?

En los ochenta aquí había una escena muy dinámica, con grupos de todos los estilos. Contábamos prácticamente con tres locales en los que se concentraba toda la acción: Planta Baja, Gasolinera y el Babia. Y para conciertos con más nivel y grupos extranjeros estaban Arena y Pachá. Básicamente esa era la escena. Había mucho tecno, pop, y un núcleo punk bastante sólido, con La Resistencia, N.E.S. (Nuevo Ejercito de Salvación), Extrema Cordialidad Homicida, Amor Sucio, etc. En general, una escena muy potente, con muy buenos grupos. Los que quedaron luego como los grandes éxitos comerciales no fueron los mejores, ni mucho menos.

¿Y como encajó en ese panorama un grupo cuyo cantante llevaba guitarra acústica y armónica?

De las pocas cosas de las que podemos alardear es de que nosotros siempre hemos sido sinceros en nuestra música. Siempre hemos estado en la música de raíz americana cantada en castellano, eso sí, y mucho eco nunca tuvimos en ese sentido. Entonces éramos una especia de anomalía. Ahora es mucho más habitual, y ahí tienes grupos como Badlands, Red Buffalo o La Hora del Té, que tocan música con la misma raíz. Ellos ahora tienen una visión y unos medios que nosotros no teníamos en la época. Yo tenía mis discos de folk y de blues en casa, y hacía lo que podía para sonar lo más parecido. No había tutoriales en Youtube, ni siquiera instrumentos buenos, que eran carísimos.

En esa época todos los componentes militabais en otras bandas, algo muy común en la época. ¿Echas de menos aquel clima de promiscuidad en lo musical, o crees que se sigue dando hoy en día?

Si el objetivo es no aburrirte, estando en varias bandas siempre es más fácil (risas).

¿Eran tiempos de sexo, drogas y rock ‘n’ roll?

En aquella escena drogas sí que había, y hubo bastante gente que se quedó por el camino. Además del tema del SIDA, que también hizo estragos. No era nuestro caso, nuestro tema era el sexo, del que se encargaba únicamente Ferocce (risas).

En el 88 os presentáis al Concurs Rock, en el que tuvisteis algún problema con el presentador de Canal 9.

Aquello vendría a ser más o menos lo que hoy es el Sona la Dipu. Nos presentamos por la repercusión y por el dinero, obviamente, para poder grabar y editar. Tuvimos dos años buenos, el 88 y el 89, en el que nos metimos en semifinales. Lo del presentador me molestó bastante. A aquel hombre le resultó curioso que nos llamásemos La Gran Esperanza Blanca, y que la canción que íbamos a tocar se llamara “Colmillo Blanco”, y el tío va y nos suelta: “Mucho blanco veo yo aquí, ¿no seréis racistas?”. El comentario no sólo fue gratuito y anecdótico, sino que demostraba desconocer la verdadera explicación de nuestro nombre. Así que le dije algo como: “los blancos contra los blancos y a favor de los negros”, para que viera que nosotros de racistas no teníamos nada. El nombre del grupo está basado en el boxeo, en una serie de artículos que escribió Jack London sobre el combate del siglo entre James J. Jeffries y Jack Johnson, el primer campeón del mundo negro. ¡Y nosotros estábamos de parte del negro! (risas). El problema es que cuando hablas con gente que no tiene un cierto bagaje resulta muy desagradable explicarlo, porque parece que lo estás poniendo en su sitio. A mí no me supo muy bien, y menos saliendo aquello en la tele, porque ten en cuenta que por aquel entonces tan solo habían dos canales nacionales, y las autonómicas, que estaban en pañales. No quería que lo viese toda Valencia y pensasen que éramos unos fachas, unos nazis, cosas así. La canción habla de un indio viejo que ve que ya no es útil para su tribu y entonces se retira a la montaña a morir de frío. Lo vi innecesario.

Hablando de boxeo, ¿de dónde te viene el gusanillo por este deporte?

De mi padre, al que le gusta mucho, y además vengo de una época en la que en la tele se podían ver combates de boxeo. Los viernes por la noche podías encontrarte en la tele con un Campeonato de Europa, con boxeadores como Perico Fernández, Evangelista, Durán, Urtain, Pedro Carrasco, etc. Pero cuando llegó el PSOE en el 82 prohibió el boxeo en la tele, y ahora mismo es un deporte prácticamente inexistente en cuanto a prensa se refiere. Está como mal visto, y eso que el boxeo ha evolucionado mucho desde aquellos años. Ahora se protege mucho a lo púgiles, en cuanto ven que uno cae a la lona un par de veces y la superioridad del otro es manifiesta, se para la pelea, se le da KO técnico y fuera. Respeto que haya gente a quien no le guste el boxeo, pero tampoco me parece que sea para tanto.

En 1989 se incorpora a la banda Fiddler Paul.

Fiddler Paul era un chico inglés que se vino a vivir aquí porque le encantaba España, en concreto la luz de Valencia. Se ganaba la vida dando clases particulares de inglés, y nosotros lo conocimos porque tocaba el violín en un grupo de música celta, con gente de la universidad que nosotros conocíamos. Uno de ellos estaba en Amnistía Internacional, donde yo también estuve durante diez años. A mí se me ocurrió que un violín podría estar bien para el grupo, porque en Mallorca también habíamos tenido uno, así que se lo propuse. Encajó muy bien, y también era un buen guitarrista. Nos lo pasamos con él muy bien mientras estuvo, hasta que falleció en el 93. Se suicidó. Tenía enfermedad digestiva extraña, un problema en el colón, no recuerdo muy bien cuál era. Fue un golpe muy duro para nosotros, porque sabíamos que sufría, pero no que sufriera tanto. A los dos o tres meses del fallecimiento le hicimos un concierto homenaje. Era un buen tío. La relación que tenía con él era muy básica, relegada al plano musical. No éramos amigos íntimos, pero le teníamos cariño.

Llegan las primeras grabaciones. En 1989, “Perdidos en el océano”, vuestro primer EP.

Se fundó un colectivo llamado NOSE para poder editar el disco, colectivo formado por los miembros del grupo junto con Eduardo Guillot y Miguel F. Jim, periodistas musicales. Estábamos reunidos en casa de Miguel sin saber como llamar al colectivo, y todos decíamos “no sé”, “no sé”, y a partir de ahí al final se nos ocurrió Nueva Oleada de Sonidos del Este, abreviado NOSE. Miguel quería que apareciese la N de alguna forma, porque el pertenecía a otro colectivo llamado La Norma, que habían editado la primera grabación de Seguridad Social. Y a medias entre NOSE y la compañía de discos Europa Compact editamos aquel EP. Lo vendíamos a cien pesetas (menos de un euro), en vinilo, y la verdad es que funcionó muy bien, vendimos enseguida la tirada de quinientos.