Que se pare el mundo: El rock, ese desconocido

Que se pare el mundo: El rock, ese desconocido

614
0
Compartir

“En la variedad está el gusto. Y en descubrir otros aspectos sonoros, la riqueza. No vale: “Es que todo lo bueno lo hicieron los clásicos”; como tampoco vale: “La mejor música de este país se hizo en los ochenta”. De los ochenta también se sale, solo hay que proponérselo”

Análisis sobre la escasa búsqueda de otras sonoridades en la cada vez más reaccionaria escena rock de nuestro país.

Texto: Raúl Tamarit

Hace algún tiempo, hablando con un personaje de un grupo con cierto éxito, me comentaba que gente como Sonic Youth o Pixies no deberían haber existido, que no aportaban nada en la música rock. A Los Planetas ni mentarlos, por supuesto. Podía llegar a agredirte en un momento dado. Luego resulta que prácticamente no los había oído. Simplemente los rechazaba por lo que en ese momento estaban representando. Principalmente, guste o no, una forma distinta de hacer rock en castellano.

Lo suyo era más el rock clásico, el que se hizo entre las décadas de sesenta y mediados de los setenta. Eso del punk incluso no lo acababa de tener claro. Siempre con el sambenito: “No saben tocar”. Tópico donde los haya. Y argumentaba que todo se inventó con Jimi Hendrix, Beatles y Rolling Stones, entre otros. Por su teoría, a partir de ahí surgió la oscuridad. Eso sí, si una banda imitaba de forma impecable a Tequila no había nada que objetar.

Cuando los citados sacaron sus mejores discos eran unos transgresores. No hay duda. Básicamente lo que se le pedía al rock: romper con lo establecido y provocar. De esa forma adelantaron a los clásicos con nuevas fórmulas, dejando en la cuneta a sus maestros: Elvis Presley, Jerry Lee Lewis o Little Richard, que por otro lado también rompieron moldes en su época.

No es un pensamiento único, cada vez está más extendido, y es que el rock cada vez es más reaccionario. Hace poco me recriminaban en una de las sesiones que hago en Víbora, el que hubiera pinchado a Los Ilegales y un rato después a Tino Casal. Intentaba explicarle al susodicho, que no pasa nada. Que pueden gustar las dos cosas, o no. Que solo hay que escuchar. Es más, el bueno de Tino Casal, ávido consumidor de glam-rock, produjo los dos primeros álbumes de Obús, de lo que Fortu se vanagloria: “La verdad es que Obús aprendió mucho con él y la frescura de los dos primeros discos se la debemos a Tino Casal”. Celebres también son las reacciones en la época cuando Rosendo, al frente de Leño, lucia camiseta de The Clash. Traidor era lo más suave que se podía oír.

Que en el siglo XXI existan todavía estos tipos de prejuicios es sintomático si nos fijamos en la escena músical de nuestro país. Fíjense si no, por ejemplo, en la cantidad de grupos tributos que salen por doquier. Aunque toquen las canciones de Led Zeppelin a la perfección, con un ejecución abrumadora, no son Led Zeppelin y nunca lo serán. Una escena cada vez más sectaria y anquilosada en determinadas estéticas, salvo honrosas excepciones.

En la búsqueda y en la experimentación está la base. A los hechos me remito: Cuando la avanzadilla del 77 clamaba la vuelta de Iggy Pop, otorgándole el título de padrino del punk, se marca “The Idiot”. Bajo la supervisión de David Bowie, y con ecos sonoros de Brian Eno y Kraftwerk. Toma punk!!!! Poco o nada que ver con lo que se podía esperar del líder de The Stooges; cuando The Clash sacan “London Calling” para muchos habían cavado su propia fosa; y si Radio Futura no hubieran coqueteado con la variedad de estilos que impregnaron sus composiciones, no estaríamos hablando de Radio Futura ni la historia les hubiera otorgado el lugar que se han ganado. Ni Pata Negra hubiera existido; ni Kiko Veneno hubiera hecho el disco de “Veneno”; ni Lagartija Nick con Enrique Morente hubieran publicado esa obra magna llamada “Omega”

En la variedad está el gusto. Y en descubrir otros aspectos sonoros, la riqueza. No vale: “Es que todo lo bueno lo hicieron los clásicos”; como tampoco vale: “La mejor música de este país se hizo en los ochenta”. De los ochenta también se sale, solo hay que proponérselo.

En resumidas cuentas, me quedaré con una frase que me dijo Josele Santiago de Los Enemigos hace unos años: “Hay que comer de todo y cagar en consecuencia”.

* Cita de Obús extraída de El Comercio.es