091: crónica de una resurrección anunciada

091: crónica de una resurrección anunciada

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091 lo tuvieron todo para triunfar, y lo conservan. Esta cuidada Maniobra de Resurrección le va a dar en todos los morros a este odioso negocio. Aunque de poco o nada sirva. No los merecemos. Verles de nuevo juntos es la ostia, me hace inmensamente feliz y a la vez, me siento como una puta mierda.”

Estalló la noticia de que 091 volvían al escenario. Una noticia que pillaba por sorpresa a muchos, a pesar de que el rumor cada vez sonaba con más fuerza. En rueda de prensa confirmaron que con motivo del 20 aniversario de su disolución girarían en 2016 con una serie de actuaciones que arrancaban el 3 de enero en el Actual de Logroño. Hasta allí se desplazó Manolo L. Contreras. Para vivir de cerca el esperado regreso. Y así nos lo cuenta en Tal Vez Mañana.

Texto: Manolo L. Contreras
Fotos: Festival Actual

Querido Raúl: quizá no esperases ya estas líneas. Me desdigo. He pensado que no tendré mejor ocasión para romper mi voto de silencio. “Ahí llega de vuelta el que dijo que no volvería”, para hacer juego con la célebre “¿qué es lo que no entendisteis de Último Concierto?”, frase tantas madrugadas repetida por Lapido para desolación de los fieles.

Estaría horas hablándote de 091, pero como sabes me llevaría a perderme en mis cosas, que no interesan a nadie. De modo que mejor vuelvo sin más rollo al Palacio de los Deportes de Logroño. Fue el pasado domingo 3 de enero, y dentro de las variopintas actividades de la 26ª edición del “Escenario de Culturas Contemporáneas”. Simplemente sucedió: los Cero volvieron a la vida, y allí estuvimos para agradecérselo. Lejos de sus territorios naturales y algunas semanas antes de lo previsto, el quinteto granaíno dio su primer concierto después de 20 años. La banda tuvo que acelerar la puesta a punto, mientras que a muchos no nos importaron las circunstancias cuando se trataba de que nadie nos contara un momentazo de este calibre. Ni los kilómetros de bus, ni la edad, ni las colas, ni soportar una inacabable espera “amenizada” por los compañeros de cartel.

Cuando despejó la masa, se hizo la selección natural y ahí me encontré, rodeado de algunos amigos/as tan extasiados como yo y echando de menos a otros, a pocos metros del escenario, cagado de emoción bordeando el colapso, sin acabar de creerme que iba volver a ver a 091 encima de un escenario. Pero sucedió, vaya si sucedió. Como estaba escrito. Tal y como el corazón decía. Con el rigor que les caracterizó y más allá de la nostalgia, sin una sola sombra, pleno. “Hemos vuelto por vosotros”, proclamó el Pitos en cuanto soltó la armónica al terminar el introductorio instrumental “Palo Cortao“. Así es. No hay ni habrá ya en el mundo justicia suficiente para ellos, así que aprovechemos este 2016 para volverlos a disfrutar a lo grande, cuantas más veces mejor.

¿El repertorio de este primer bolo de la Resurrección? Como parecía lógico, íntegramente extraído del que conformó su gira de despedida en 1996; es decir, eligiendo el mejor 80% de los temas incluidos en el “Último concierto y rehaciendo la secuencia. Sobrio, sin sorpresas, necesario para que la banda vaya cogiendo el punto. Centrado en sus dos mejores discos, 12 canciones sin piedad y “Tormentas imaginarias”, con representación de sus otros cinco LPs. Diríase que algunas de esas canciones, en exceso aceleradas en tiempos del fragoroso adiós (“Mi sombra y yo”), han reposado incluso hasta su tempo original. Canciones, una por una, que no sólo no han perdido vigencia, sino que se han alimentado su grandeza. “Tormentas imaginarias” es sólo un ejemplo.

Raulito, del sonido no puedo hablarte de forma muy fiable. Súmale la congoja del momento a mi consolidada sordera. Puede que al Pitos no se le entendiera mucho, o sería que las gargantas del personal se comían a los altavoces, cantando una tras otra a grito pelao, que a eso íbamos, a vaciarnos. Que han sido 20 años, joder. Algún cacho de laringe vi volar en los agudos de “Otros como yo”; igual era mío. Se dice que el grupo aún no sonó como el cañón que recordamos, pero desde tan cerquita del tablao y sin olvidar que estábamos en un pabellón, pues no me atrevo a decirlo en voz alta.

091 Actual III

Lo principal: aquellos exquisitos esqueletos son otra vez regias canciones, han sido recompuestas con mimo, apenas echamos de menos algún hueso en forma de coro. La banda ha echado a rodar y carbura; había mucho músculo y mucha tensión que soltar, considerando que el corazón del grupo (léase sección rítmica) ha estado en letargo musical todo este tiempo. Para Madrid, los Cero estarán cerca del punto óptimo. Estoy seguro. En los festis meterán miedo. No lo veré. Algunos arreglos han cambiado ligeramente, pero el sonido de 091 permanece fiel al de sus mejores momentos. Los hermanos Lapido afilarán sus guitarras aún con más esmero. Me pareció que a la SG color vino aún le costaba hacerse cargo de que los Cero están de vuelta, como a tantos que entre el público nos pellizcábamos para cerciorarnos, como al Pitos, que por momentos parecía flotar al interpretar de nuevo las magistrales estrofas del maestro Lapido. Habiendo cerrado el concierto con el himno generacional que nunca fue “¿Qué fue del siglo XX?”, el único bis empezó en acústico con “el espantapájaros” y terminó en clave apoteósica con “La vida qué mala es”.

091 lo tuvieron todo para triunfar, y lo conservan. Esta cuidada Maniobra de Resurrección le va a dar en todos los morros a este odioso negocio. Aunque de poco o nada sirva. No los merecemos. Verles de nuevo juntos es la ostia, me hace inmensamente feliz y a la vez, me siento como una puta mierda. Ya me entiendes. No te pierdas la siguiente, chaval. Cuéntalo por ahí. Besos.

Desde mi retiro: Manuel L.